VENCER EL MIEDO

Puertas de Pars, Francia

Esta vez, vamos hablar del miedo que sienten las personas mayores. No es un miedo a grandes cosas, ni a problemas ajenos, es algo más habitual y cotidiano.
Cuando envejecemos nuestro cuerpo cambia, y se pierden habilidades por una causa u otra. Cuesta subir escalones, la vista no es precisa, nos movemos más despacio, hay muchas causas que facilitan que caminemos inseguros. Cuando los geriatras valoramos, tratamos de poner solución o compensar esos déficit, para dar mayor seguridad. Esa es la labor preventiva en nuestra profesión.
Sin embargo a veces conocemos al paciente cuando ya se ha caído o incluso cuando ya se ha fracturado. Si en estos casos no se hace una buena valoración con un tratamiento global, existe el riesgo de que a la persona le entre un miedo incomprensible e ilógico pero que no puede evitar. Salir a la calle les crea gran ansiedad y dejan de hacer actividades; incluso se buscan excusas para dejar de hacer esas actividades.
Ese miedo hay que entenderlo, no infravalorarlo, y tratar poco a poco de disminuirlo. La persona mayor se siente mal, y lo peor es sentirse además incomprendida. Se les exige que sean ellos solos quienes lo superen, como si fuera un miedo infundado. Es como decirle a una persona deprimida que se alegre. Hay situaciones en las que el interesado quiere pero no puede. Escuchémosle, entendámosle y ayudémosle. No es un problema menor, es un factor importante de riesgo de caídas, de aislamiento social, y de bajo ánimo.
Para vencerlo, es importante que caminemos juntos hacia el objetivo, profesionales, enfermo y su familia y amigos.

DRA. OCHOA

GERIATRA

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LA DESPEDIDA QUE NO FUE

Engel in Trauer im Schnee

Empezamos el mes de Noviembre, y para muchos empieza con recuerdos tristes. Es Inevitable no recordar a aquellos que se fueron. Hacerlo de una forma serena es bueno, recordando bien a quien se fue.
También, es importante que sepamos entender a los mayores que a veces nos piden un poco más de compañía o cuando ellos quieren hablar. Recuerdo un caso de una paciente que su problema de salud, de carácter orgánico, estaba fundamentado en una causa psíquica. No es fácil de descubrir pero se consigue si se les da tiempo y se les deja hablar. En este caso era una madre que había perdido a su única hija por cáncer, y lo que le dolía de veras es que no pudo verla antes de morir. Por “protegerla” no le habían dejado pasar a verla, sabían que se pondría muy triste, y que sufriría. Así que la dejaron en casa y no la llevaron al Hospital. El siguiente paso fue ir al funeral.
Nunca superó el no poder despedirse aunque hubiera sido infinitamente triste. Esta mujer tenía más de 80 años, pero el daño afectivo fue importante. La edad no nos hace tener distintas necesidades afectivas.
Dra. Ochoa
GERIATRA